EL ÁNGEL QUE NO DEJÓ DE PEDALEAR
Imaginalo por un segundo: una bicicleta vieja recorriendo las calles de tierra de los barrios más olvidados de Rosario. En el canasto no llevaba lujos, llevaba esperanza. Lo llamaban "La Hormiguita", porque creía en ese trabajo hormiga: el de organizar el comedor, el de cuidar a los pibes, el de estar donde nadie más quería estar.
Aquel diciembre de 2001, cuando el mundo parecía desmoronarse, Pocho no corrió a esconderse. Se subió al techo de la escuela donde trabajaba para proteger lo más sagrado que tenemos: la infancia. Su último grito no fue de odio, fue un ruego de humanidad que todavía retumba en todo el Río de la Plata:
"¡Bajen las armas, que aquí solo hay pibes comiendo!"
Pocho no murió ese día; se multiplicó. Se hizo canción en la voz de Gieco, se hizo mural en cada esquina y se hizo fuerza en cada persona que, hoy mismo, cocina un plato de comida para un vecino que lo necesita.
Hoy cumpliría 60 años. No lo recordamos con tristeza, sino con el compromiso de seguir su rastro. Porque mientras haya alguien pedaleando contra la injusticia, el Ángel de la Bicicleta seguirá vivo.
¡Feliz cumpleaños al cielo, Pocho! Tu ejemplo sigue rodando. 🕊️✨